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Políticas culturales

publicado a la‎(s)‎ 30 nov. 2010 12:38 por José Loría   [ actualizado el 30 nov. 2010 12:55 ]
Entrevista a Lázaro Rodríguez
Especialista en Políticas Culturales
Junio 2010
 
A finales de junio, estuvo en el país el especialista cubano en políticas culturales, Lázaro Rodríguez, quien lideró las Jornadas para la reflexión sobre los desafíos de la agenda político-cultural costarricense, en el Centro Cultural de España de Costa Rica.

 

Rodríguez, quien cuenta con un amplio currículo en la materia, refiere en el sitio web dedicado a esta jornada  que el espacio se planteó con el fin de reflexionar desde la perspectiva de una ecología constructiva del saber, sustentada en las propuestas sectoriales e intersectoriales de organizaciones de la sociedad civil, el sector privado, el sector gubernamental y la cooperación internacional. En este espacio también se encuentran otras publicaciones resultantes del espacio, que según indica Rodríguez en el sitio, fue  una suerte de “think tank” social en el que fue posible valorar la situación del campo cultural costarricense desde la perspectiva de múltiples actores, y del que se desprendieron un conjunto de insumos para la construcción de políticas culturales públicas desde una perspectiva de corresponsabilidad.

 

En el marco de esta jornada, Rodríguez concedió un espacio electrónico para responder sobre algunos puntos específicos

 

1. ¿Qué es una política pública en cuanto al tema cultural (PPC)?

 

Nos referimos a una política pública de cultura cuando hablamos del conjunto de intervenciones que los diversos actores conciertan para el desarrollo del campo cultural de un país, una región, o una comunidad. La palabra concertación en este concepto es imprescindible para definir algo como público. Esta política pública construye metas de desarrollo e instrumentos que son los vehículos de consecución de estas metas, de forma participativa, y en consonancia con políticas de desarrollo de los entornos donde se insertan. Igualmente, implica actuaciones estratégicas que orientan las formas institucionales que garantizan la sostenibilidad, el financiamiento, la evaluación, la pertinencia, el alcance y otros aspectos necesarios para conseguir las metas propuestas dentro del sector cultural.

 

Insisto en que aquí son dos las palabras clave para entender el concepto: sector cultural, y público. En el primero de los casos, la búsqueda de definiciones más amplias de cultura –como producción de sentido y no exclusivamente desde el enfoque artístico y literario y sus estéticas conocidas- lleva a incluir dentro de las políticas públicas de cultura aspectos que antes no estaban contemplados dentro de la lógica de los ministerios y secretarías de cultura. Me refiero a cuestiones como derechos culturales, resolución de conflictos interculturales, atención a la pobreza, y emprendimientos económicos dentro del sector. El engranaje de una política pública debe garantizar mecanismos legislativos, regulatorios, de financiamiento, de concertación y articulación entre actores, que garanticen su sostenibilidad. Lo público agrega a esta concepción de la política, la dimensión participativa que le restringe a los Estados la “responsabilidad” y su atribución histórica de decidir en qué, cómo y cuándo se invierte en cultura. El planteamiento de procesos participativos en la construcción, implementación y evaluación de políticas culturales agrega una cualidad democrática –y de sostenibilidad y eficacia- a la gestión tradicional de la política cultural.

 

2. ¿Qué actores deben participar en la estructuración de una política dirigida al sector cultural?

 

Al ser la cultura un bien común, público, deben encontrarse todos los mecanismos posibles que garanticen que las necesidades compartidas por grupos diversos tengan un lugar en la propuesta de una política pública. Con esto, definimos que lo que llamas estructuración de una política dirigida al sector cultural debe ser planteada desde la corresponsabilidad de los diversos actores sociales: Estado, gobiernos locales, regionales; sector privado (mercado), sociedad civil y la ciudadanía en general. Por ejemplo ¿no crees que los niños y niñas deben participar en la definición de metas y medios que los toman como “público meta” o “público objetivo”?  Así mismo pasa con el mercado, los afrodescendientes, los indígenas.

 

3. ¿Por ser una política pública se supone que deba incluir a todos los públicos, o cabe la posibilidad de dejar gente por fuera, que probablemente requieran de una política cultural propia?

 

La calificación de política pública no implica la comprensión de lo público como algo homogéneo o bien definido. La comprensión de política pública apuesta más por un mecanismo de redistribución y reconocimiento, y como un vehículo que permite superar relaciones de exclusión en el sector. Ello responde tu pregunta acerca de políticas culturales diferenciadas. En efecto deben exigir enfoques diferenciados, como mismo existen políticas específicas para grupos más vulnerables en el campo de la salud, la pobreza, la educación, por ejemplo. Pero no sólo pasa con los grupos, pasa también con lenguajes y formas artísticas y culturales que no tienen cabida en la constelación predominantemente elitista del sector cultural tradicional de las artes y la literatura.  Recordemos que en la cultura se expresan las desigualdades sociales, al mismo tiempo que esta es un factor que explica su reproducción. Por tanto, su atención es fundamental desde una política pública.

 

 

4. ¿Cómo genera una PPC igualdad en temas de estratificación social y de género?

 

De la misma forma que lo hacen otras políticas públicas –desde mecanismos redistributivos- de acceso a la creación, a la distribución y al consumo cultural. Son requeridas políticas y estrategias que transversalicen mecanismos de garantía de derechos humanos desde la dimensión cultural en los temas de género, estratificación social, de edad, sexual, étnico-racial, etc. Pero en el caso de las políticas públicas de cultura, la dimensión del reconocimiento que se agrega implica una responsabilidad pública –una proactividad que parte de una actitud reactiva de muchos movimientos sociales- de explicitar y superar relaciones históricas de exclusión que violan derechos culturales.

 

5. En cuanto al tema cultural, se suele pensar en él desde la perspectiva del artista. Pero desde el punto de vista del Estado, que incluye a toda la población, cómo se puede vincular a los diversos sectores de la sociedad civil a integrarse en la creación de PPC?

 

Es cierto que la mayoría de las políticas culturales están enfocadas a los artistas como beneficiarios, tomando en cuenta que su énfasis ha estado en exhibir una creatividad dictada por la distinción estética. Ahora, la preocupación por la democratización del acceso al consumo cultural, ha venido dando paso a una necesidad de democratizar también la creatividad, y con esto darle paso a que se pluralice el privilegio de quiénes producen la cultura, no sólo de quiénes la disfrutan. Hacia allí, algunos modelos de políticas culturales –sobre todo las que se llaman públicas por su responsabilidad con las mayorías- también se han enfocado a incentivar una creatividad productiva, o sea, una creatividad que garantice la sostenibilidad del sector y aporte no sólo en términos económicos, sino democráticos (garantía de derechos culturales, acceso a mecanismos redistributivos, inclusión de formas de reconocimiento, etc.).

 

Una manera en que el Estado incentive la inclusión en todo el espectro de la producción cultural es crear mecanismos participativos y plurales no sólo en la definición de la política, sino en la implementación y en la evaluación de las actuaciones. Será difícil garantizar sostenibilidad en políticas culturales sin corresponsabilidad y pluralidad. Pero eso lleva a una reestructuración de la institucionalidad actual que como mucho hoy apela al nivel consultivo, pero no a la participación pública en la construcción de las propias agendas de la consulta.

 

6. ¿Qué pasa cuando hay voluntad, pero no hay dinero? ¿Se entierra la opción de estructurar la cultura o hay formas alternativas de trasmitirla?

 

Eso es lo más común, que haya voluntad, pero no hay dinero. A veces también el poco dinero toma rumbos que no son necesariamente los más urgentes. En ese caso es muy importante la definición de metas compartidas lo más clara posibles, con mecanismos de inversión también muy claros que permitan hacer un uso más racional de lo poco que se tiene. Eso pensando, sobre todo en los presupuestos estatales de cultura que, por lo general, son mínimos. La tendencia ha sido a corresponsabilizar también en el financiamiento del sector a otros actores privados, de la sociedad civil o la cooperación internacional o las agencias multilaterales. Se trata, en ello, de crear equilibrios entre los diversos actores sociales sin que lleven a la perspectiva neoliberal de dejar a la cultura como un bien y servicio más a ser regulado por el mercado descargando al Estado de su función reguladora y facilitadora.

 

La actitud de no asumir la cultura como un factor de desarrollo no sólo es hoy una ignorancia, sino una estupidez. El sector cultural, incluso aquel más tradicional que también incluye también los nuevos lenguajes y expresiones culturales aparecidos con el auge de las tecnologías de la información y la comunicación, exhibe hoy una fuerza inédita y aparece como de los sectores más competitivos y con perspectivas de crecimiento. Ello sin contar la otra perspectiva, más política, que hace de la cultura un factor de desarrollo ciudadano a través del cual es posible restituir y garantizar derechos culturales que son, en esencia, derechos humanos.

 

7. El papel de los jóvenes, es fundamental en cualquier sociedad, ¿qué es lo fundamental en cuanto a PPC para este sector?

 

Los jóvenes, como otros grupos sociales como las mujeres, los niños, los afrodescendientes, los adultos mayores, padecen de algún tipo de exclusión en relación con el orden cultural dominante, en este caso específico desde el adultocentrismo que impera. Peor aún es si eres mujer, negra, lesbiana o no vives en la capital. Estas son formas de exclusión que una política pública de cultura debe atender como parte de su misión social. Los jóvenes son un grupo etáreo con necesidades específicas, pero al interior, con una infinidad de identidades que exigen atenciones diferenciadas. A esta edad, la producción y sobre todo, el consumo cultural es un factor de socialización que debe contar con el incentivo de las políticas públicas si sus metas fueran de inclusión, de reconocimiento, de desarrollo.

 

En el caso costarricense, la configuración actual del ministerio, que es de cultura y juventud, impone por un lado, una difícil estructura institucional para ser gestionada, pero por otro, percibo oportunidades de articulación que deben ser potenciadas, de modo que se logren sinergias y actuaciones conjuntas. Más Culturas Juveniles (MCJ) pudiera ser una figura intra-institucional que, a modo de programa, genere actuaciones sostenibles desde el ministerio, pero con la participación de toda la trama institucional que atraviesa la gestión de ambos vice-ministerios.  Pero es imprescindible que estas actuaciones no sean puntuales, ni adultocéntricas, sino que sean planteadas, implementadas y evaluadas por los propios jóvenes, aunque el MCJ sea un facilitador en ese proceso.

 

8. ¿Cómo se pasa del papel a los hechos, de la investigación al reflejo en las comunidades? 

 

Haciendo de la investigación una práctica cotidiana de los procesos culturales, y rompiendo la idea de los superexpertos universitarios, que tienen, a lo sumo, sólo una parte de la experiencia social. La perspectiva de la ecología de saberes y prácticas, del diálogo intercultural también en el sentido de culturas del conocimiento, debe llevar a la búsqueda de formas más orgánicas de interrelación entre campos aparentemente opuestos, pero en realidad complementarios para una gestión cultural más eficaz. Ahora, o la política pública de cultura incorpora mecanismos sociales de investigación e innovación o estará condenada a la desactualización, a la toma de decisiones desenfocadas de las necesidades sociales y al desgaste institucional –traducido en gasto de recursos, por ejemplo- y al incumplimiento de la misión como agente y facilitador corresponsable de la redistribución, el reconocimiento y el desarrollo del sector.

 

9. De acuerdo con su experiencia y experiencias internacionales que conozca, cómo ve a Costa Rica en el tema de la estructuración de PPC?

 

Me parece que la nueva administración encabezada por Manuel Obregón, está constituida por gestores y artistas de diversa procedencia con mucha experiencia en el sector cultural aunque no en política pública, y por otra parte, por personas con muchos años en el sector público. Esta configuración es un privilegio para generar un proceso crítico que evalúe la manera en que se ha manejado la cultura y dar el salto hacia modelos que hagan mucho más eficaz la gestión y plantee metas a largo plazo que superen el cortoplacismo de las gestiones gubernamentales de cuatro años. La apuesta de esta administración por la construcción de políticas públicas de cultura, desde una perspectiva concertada y corresponsable, implicará un largo proceso, pero ya parece que es una meta que está siendo una prioridad para el MCJ. Esto será un reto en medio de la atención a las más diversas cuestiones que los gestores a cargo del MCJ deben atender en la cotidianidad. Pero sí debe ser un proceso que venga de una política y de una estrategia de cambio. No me refiero al cambio por el cambio, sino a un cambio que apunte a metas de desarrollo.

 

Rodríguez finalizó la entrevista con una reflexión sobre el avance de las políticas culturales en Costa Rica.

 

Confío, sin falsos mesianismos, que el campo cultural costarricense tiene el potencial de articulación necesario para definir metas compartidas que superen la cultura de sobredemandarle al Estado en el rol de mecenas al que ha acostumbrado a todos y todas. Que la búsqueda de estas metas compartidas con dimensiones de desarrollo humano sostenible, del sector, son imprescindibles para valorar la capacidad de la cultura como un motor de crecimiento no sólo económico, sino ciudadano. Ese sería el reto, buscar formas estratégicas con soluciones prácticas que pongan a la institucionalidad cultural –la actual y la posible- a generar más inclusión, a erradicar la pobreza como condición cultural, a eliminar la brecha social que existe en la Costa Rica de hoy.

 

¿Qué le gusta hacer cuando no está trabajando?

Cuando no estoy trabajando, que es casi nunca, me gusta reunirme con amigos, pequeñas fiestas de picadito, vino y oír a Joaquín Sabina, Concha Buika, y otros de este corte. Suelo cocinar y disfruto mucho cocinar para la gente, incluidos mis padres que lo disfrutan mucho. Me gusta bailar también ver buenas series y buenas películas. Me encanta reunirme con amigos que hace tiempo no veo. Por suerte tengo muchos y dispersos y la vida me regala esta oportunidad a cada rato. Prefiero las novelas y la poesía donde quiera que estén; también siempre voy a museos de arte, y me gusta comer rico. Necesito de vez en cuando salir de la ciudad al campo, sobre todo si conjuga mar y montañas.

 

¿Cuál es su lugar preferido y porque? 

 

No tengo un lugar de preferencia, aunque sí tengo buenos recuerdos de muchos lugares. A veces necesito La Habana, extraño el malecón, el mar, las cervezas Bucanero, la música de mis amigos de allá; otras veces me recuerdo en Madrid y soy feliz, otras me veo en Achacachi, el altiplano boliviano, en Salvador de Bahía o en Bogotá y guardo recuerdos muy gratos. Igual de Buenos Aires, Mar del Plata y Quito. Cada lugar tiene una especial responsabilidad en mi experiencia. Creo que mis lugares preferidos se determinan a partir de cómo los he vivido con amigos. Nicaragua es un lugar que me gusta mucho, al igual que México y a donde sé que siempre regresaría. Eso me pasa también con San José, adonde ya he estado cuatro veces en 9 meses. Este lugar tiene un especial encanto, aquí perdí mi virginidad en sismos, y eso la hará memorable de por vida.

 

Más opiniones y conclusiones sobre el conversatorio y el foro están disponibles en el sitio web http://plataformapoliticacultural.blogspot.com/2010/06/jornadas-de-reflexion-sobre-los.html#more

 

Pie de foto

1 Lázaro Rodríguez es graduado en la Maestría de Ciencias de la Comunicación, Mención Comunicología, de la Facultad de Comunicación, Universidad de la Habana, Cuba.

Opinión de participantes en el foro

Jorge Albán

Exactamente este tipo de conocimiento y gestión, surgida de el diálogo y la investigación es lo que hace falta por estas latitudes.

Walter Morera

Si estamos hoy trabajando en un solo propósito de desarrollo cultural integrado con la comunidad, no es por otra cosa que somos los que nos toca cambiar, para seguir mejorando lo que está en nuestras manos.

Fuente: www.plataformapoliticacultural.blogspot.com

2 Lázaro Rodríguez durante el l foro de Políticas Culturales en el en el Centro Cultural de España de Costa Rica, le acompañan Anselmo Navarro y Giancarlo Protti (orden usual).

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